domingo, 9 de agosto de 2015

AL PAN, PAN, Y AL VINO, VINO

Hace no mucho mantenía una conversación con Patrocinio de las Heras, todo un referente y una personalidad en la profesión de Trabajo Social, con la que podremos compartir su gran saber en lo que seguro será una clase magistral en el II Congreso de Trabajo Social que se desarrollará en Málaga los días 26,27 y 28 de noviembre, ya que ella será la encargada de desarrollar la ponencia inaugural. En esa conversación además de hablar del Congreso, me comentaba como la denominación de Servicios Sociales no se estaba teniendo en cuenta a la hora de la constitución de las concejalías y consejerías por parte de los nuevos gobiernos. Circunstancia ésta que pudiendo parecer anecdótica no deja de tener su importancia, como se suele decir de lo que no se habla no existe.

Así que compartiendo sus reflexiones, me quedó ese gusanillo de comprobar como estaba este tema a nivel de las comunidades autónomas, ya que aunque sólo sea por el nombre nos marca una radiografía muy significativa y de mucho valor, como mínimo para nuestra profesión. Volviendo a recordar que el Sistema de Servicios Sociales se configura como el cuarto pilar del Estado, que junto al Sistema Educativo, al Sistema Sanitario y al Sistema de la Seguridad Social, conforman la estructura básica de cara a facilitar al conjunto de las personas los recursos y medios necesarios para que alcancen un máximo de bienestar. Por eso no sólo he comprobado que nombre se le ha puesto a lo que es o debiera de ser la consejería que gestionará los “Servicios Sociales”, sino también como se ha denominado a la de Educación y a la de Salud, ya que el tema de las pensiones no compete a las comunidades, con lo cual quedan cubierto los cuatro pilares del Estado del Bienestar.

Respecto a la sanidad no existe ninguna duda, su nombre es claro y o bien desde el concepto de Salud o del de Sanidad aparece en todas las comunidades. Al igual que con el de Educación aunque en este caso si se incorporan otras intervenciones sectoriales, como las típica de cultura y deporte o universidades. Pero cuando llegamos a lo que debiera ser el Sistema de Servicios Sociales, aquí si que el cóctel es total. Sólo hay una comunidad, la de Baleares, que recoge el término Servicios Sociales como tal, a la hora de nombrar la consejería aunque lo une a Cooperación. Si hacemos un repaso de los términos a los que se aluden por las diferentes comunidades encontramos que el concepto de Políticas Sociales es el que más se utiliza, en 6 ocasiones, seguido del de Familia en 5 e Igualdad en 4 comunidades. A partir de aquí se abre un riquísimo debate en el que surgen muchos interrogantes, donde a veces parece que los nombres asignados están más pensados de cara a la galería y al ámbito de lo que pudiera ser “publicitario”, de lo que es en la realidad posterior, cuando se mira el desarrollo de sus políticas, así que aún nos queda un larguísimo trabajo de pedagogía y de reivindicación, para llamar al pan, pan, y al vino, vino.



jueves, 23 de julio de 2015

El Trabajo Social tiene respuestas


Con este lema convocamos desde el Colegio Profesional de Trabajo Social de Málaga, el II Congreso Provincial, después de seis años desde la celebración del primero (2009), estamos convencidos de que éste es el momento, porque como bien se dice en su presentación:

"Esta crisis, como tantas otras veces, ha forzado al Trabajo Social a reinventarse, sacando lo mejor de sí mismo, en forma de iniciativas novedosas para sortear esta  situación. De estas iniciativas creemos destacables aquellas que están orientadas a personalizar las realidades, a poner rostro a los problemas, a mostrar no las situaciones sino a las personas que las sufren, y esto porque, como bien sabemos en el Trabajo Social, cuando la persona es ocultada por el dato, no solo se pierde su potencia, sino que permite empeorar las decisiones que se toman (es fácil prescindir, recortar, machacar un dato, es más difícil hacerlo con una persona)”.

Queremos que este congreso sea un lugar de reflexión y de profundización que, desde una actitud crítica con la realidad social y con nosotros mismos, nos permita avanzar en el desarrollo de nuestra profesión, teniendo claro que el centro de nuestro trabajo es la persona y la mejora de su calidad de vida.

Durante tres días, 26, 27 y 28 de noviembre, las y los trabajadores sociales estamos convocados a servir de altavoz, una vez más, de las personas, con las personas y para las personas.

El Trabajo Social lleva años denunciando la situación de recortes y la vulneración de derechos, incluso hasta en Bruselas, como se hizo el diciembre pasado desde el Consejo General (ver vídeo aquí). Pero no sólo quedándonos en la denuncia sino dando soluciones, respuestas y alternativas. Hoy a meses de unas elecciones generales, y se ha visto tras las últimas municipales, las políticas sociales se están situando en la columna vertebral de los nuevos gobiernos, pero no todo vale, porque existen modelos superados de beneficencia y caridad, sin participación, clientelares, burocratizados, descoordinados, opacos, sin recursos, donde se confunde un huevo con una castaña, más preocupados en la imagen que en los derechos.

Por eso éste es el momento de que el Trabajo Social siga haciéndose presente en la sociedad con sus propuestas para el siglo XXI, con la participación de muchas y muchos compañeros que llevan año comprometidos con ese cambio que hoy nadie pone en duda, y que también desde aquí quiero felicitar, porque muchas y muchos de ellos hoy tras las últimas elecciones o forman parte de gobiernos o se encuentran más inmersos si cabe en su compromiso, porque somos una profesión para y por la transformación.

Ánimo desde aquí a todas las compañeras y compañeros, para que sientan este próximo congreso como algo más que un encuentro de profesionales durante tres días, lo que en el trabajemos y las conclusiones que saquemos, se van a convertir en punta de lanza de las respuestas del Trabajo Social.

(Publicado en Revista El Observador)

jueves, 25 de junio de 2015

Cada vez menos

Llevamos ya dos procesos electorales en Andalucía y encaminamos el tercero para las generales, donde estoy convencido que también las políticas sociales serán un eje central en los discursos, los programas y sobre todo las propuestas finales. Habrá que pensar que si tanto se habla es porque realmente interesa, y sobre todo porque existe una necesidad de ellas ante la situación en que nos encontramos, y que no ha venido siendo atendida en las medidas necesarias. Aunque seguro que nos seguiremos sorprendiendo con algunas ideas y propuestas, y sobre todo muchas de ellas dejan marcado muy claramente el concepto que de los Servicios Sociales se tienen, y por ende de la pobreza, la exclusión y en definitiva del bienestar.

No es que vaya hablar del compromiso y la responsabilidad de nuestros gobernantes con lo que dicen y hacen, eso lo dejo para otra entrada, donde llegado un tiempo habrá que tirar de hemeroteca, como se suele decir. En esta ocasión quiero poner el acento en la realidad profesional del  Trabajo Social, en cuanto a su existencia como recurso humano en el ámbito del Sistema Público de Servicios Sociales en Andalucía.

En mayo de 2013 se aprobaba en el Consejo Territorial de Servicios Sociales y del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, entre otras cuestiones, el Catálogo de referencia de Servicios Sociales. En dicho catálogo se establece la existencia del profesional de referencia, donde literalmente se indica:

"Las personas que accedan al Sistema Público de Servicios Sociales contarán con un profesional de referencia, que será un (a) Trabajador (a) Social, al menos en el ámbito de los Servicios Sociales de Atención Primaria, con la finalidad de asegurar la integralidad y continuidad en la intervención" (BOE 117 / 16 de mayo 2013)

Si nos vamos a la última memoria publicada en la web oficial de la Junta de Andalucía referente a Servicios Sociales Comunitarios, concretamente de todo lo que es el Plan Concertado eje del sistema, que se corresponde con la del año 2012  (Acceso a las memorias publicadas). Los datos en cuanto a la plantilla de Trabajadores/as Sociales existentes, si comparamos los últimos cuatro años, realmente son alarmantes:


Mientras la población ha crecido un 1,68% el número de Trabajadores/as Sociales ha disminuido en un 6,12%, cuestión que no ha hecho sino que incrementar la ratio de población que le puede corresponder a cada uno de estos profesionales, en un 8,31%, siendo la última de 5.465 personas por Trabajador/a Social, siempre y cuando todos ellos se dedicaran a la atención directa, cuestión que no es así por lo que dicha ratio aún será mayor.

 

Pero si estos datos por si solos ya son preocupantes, si se profundiza en el tipo de contratación que estos profesionales tenían, nos encontramos que tan solo 241 el 15,71% eran personal de plantilla, el resto 1.293 que representan el 84,29%, estaban contratados con cargos a programas y proyectos, lo que no viene sino a plantear indefinición e inestabilidad estando sus puestos de trabajo asegurado mientras tanto dure el programa, proyecto, prestación, etc. Lo que nos hace tener un sistema cogido con alfileres, que ante cualquier soplo por muy pequeño que sea, se nos cae, como se ha visto en los últimos años.

Estas plantillas son la suma de todos los recursos existentes en los diferentes municipios de Andalucía, tanto de los de más de 20.000 habitantes y los de menos a través de las diputaciones provinciales. Siendo la última responsable, la que tiene la competencia, que no es otra que la Junta de Andalucía. Por ello es urgente que ante el nuevo gobierno y donde en ésta ocasión si se ha optado porque exista una consejería propia para el ámbito de los Servicios Sociales, lo cual hay que entenderlo como bastante positivo, esta tendencia se transforme y se apueste no sólo por el incremento en el número de profesionales a todas luces escasísimo, recordar que se están atendiendo un millón de personas al año en los Servicios Sociales Comunitarios, sino también para que el modelo se modifique, afianzando con mejores cimientos al Sistema.

(Publicado en Revista El Observador)

jueves, 28 de mayo de 2015

La España real

Esta semana se ha publicado la Encuesta de Condiciones de Vida que de manera anual realiza el Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondiente al año 2014, y en lo referente a los ingresos los de 2013. 

Como se indica en su ficha metodológica, esta encuesta se encuentra respaldada por el Parlamento Europeo en lo relativo a las estadísticas comunitarias sobre la renta y las condiciones de vida. Así como por el propio instituto y su solvencia más que demostrada, de ahí la importancia de la misma, junto al panorama que nos describe que sigue siendo bastante desolador en cuanto a la pobreza y la desigualdad.

Aconsejo su lectura, son sólo 14 páginas, (consultar AQUÍ) porque nos hace toparnos con una realidad que recién salidos de un proceso electoral, al parecer algunos no quieren ver o simplemente prefieren esconder.
Me voy a permitir recoger algunas variables y, desde una elaboración propia, incorporar datos anteriores no recogidos en ésta, para abarcar el período de la actual crisis, con su inicio en el año 2008.

Tomando como referencia el umbral de riesgo de pobreza en hogares de una persona, éste cada vez está siendo menor, como ya he indicado en alguna entrada anterior, cada vez somos más pobres, concretamente un 10% más (9,85%) en lo que ha ido de 2008 al 2014.



Circunstancia ésta que queda constatada con los cada vez menores ingresos medios por hogar, habiéndose reducido durante este tiempo en un 13% (12,95%), lo que representa en valores absolutos 3.891 euros anuales.


Pero posiblemente el dato de pobreza sea el más significativo a la vez que llamativo, cuando éste se refiere a los menores de 16 años. Y al igual que en las variables anteriores, el incremento en los últimos años cada vez es más significativo, llegando al 30,1%, lo que supone un incremento respecto al año anterior de 3,4%, la mayor diferencia en todo el período.

Por último, referirme al dato cuando se pregunta sobre la capacidad de afrontar gastos imprevistos, y si se han tenido retrasos de pago en gastos relacionados con la vivienda, porque son dos elementos que también nos dan una bofetada, o debiera de dársela a alguien, para que despertemos y sepamos realmente de qué están hablando las personas que nos rodean, no de lo que otros quisieran que hablasen. 

En este caso la realidad sigue siendo muy cruda y el 42,4% indica que no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos, siendo más de doce puntos superior al dato del año 2008. Y si se llevan a los retrasos en gastos de la vivienda el incremento ha sido de 4,2%, situándose ya en el 10,2% del total.

El diagnóstico está claro, lo que hace falta es que se pase de los compromisos y promesas a las realidades, y que efectivamente todas esas medidas sociales que se han venido planteando en los últimos días de campaña electoral, donde también hay que decir que algunas no iban más allá de abrir comedores y repartir comida, que nos retrotraen a otras épocas y otros países, se traduzcan en intervenciones de transformación social, donde éstas cada vez mayores desigualdades se puedan ir reduciendo. Por ahora nada de nada, sólo palabras, y la fractura social sigue cociéndose a fuego lento.

(Publicado en revista El Observador)

martes, 21 de abril de 2015

Málaga a la cabeza de los desahucios en Andalucía

La semana pasada han sido nuevamente noticia diferentes desahucios producidos en nuestra provincia, en este caso en la localidad de Estepona. Esta realidad suele saltar a la palestra de los medios, cuando se dan circunstancias de carácter personal o social, como la existencia de menores, de mayores, de personas en situación de dependencia, etc.

Pero los números son mucho más contundente y vienen a mostrar que más allá del aspecto noticiable del desahucio, que ya de por si debiera de serlo, diariamente en nuestra provincia el número de lanzamientos realizados positivamente no ha hecho sino crecer, cerrando el año 2014 con una media de 9 desahucios diarios. Y situándose Málaga a la cabeza del resto de provincias andaluzas con 2.648 lanzamientos positivos (desahucios), el 32,12% del total de los producidos en Andalucía, que alcanzó la cifra de 8.242, la mayor desde el 2008. Sería un buen momento para preguntarse, ¿por qué no llega la recuperación aquí?



 Estos datos que provienen del informe que con carácter trimestral publica el Consejo General del Poder Judicial, se quedan incluso por debajo de los publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que ha comenzado a realizar su propio estudio de manera trimestral durante 2014, y que ya se dispone del total anual. Diferenciando en éste caso por tipo de inmueble, alcanzando a un total de 3.736 las viviendas en Málaga, de las que 2.686 se correspondían a viviendas ya usadas. Situándose también nuestra provincia en cabeza del conjunto de Andalucía, que llegó a las 16.275 viviendas, de las que 11.778 eran usadas.

Tras siete años desde que se inició el pinchazo de la burbuja, la situación no ha mejorado, como se puede comprobar por los datos, sino que por el contrario el pasado 2014 se realizaron más lanzamientos positivos (desahucios) que durante el 2013 y casi como en el 2012. Alguien no nos está contando toda la verdad.

Se puede decir que paro y desahucio van de la mano, a mayor número de paro mayor número de desahucios por tanto a menor número de paro menor número de desahucios. Pero esta correlación en estos momentos no se cumple, ya que hay que incorporar un tercer elemento, los ingresos que se producen por las contrataciones realizadas, y éstos no es que rocen la precariedad sino que en muchos de los casos se pueden denominar de tercermundista, con costes por hora de trabajo inferiores a los 5 euros y con rentas media por personas inferiores a las que se tenían en el año 2007.

De ahí que sólo con la variable del empleo, para hablar de recuperación económica es faltar a la verdad, e intentar engañar al conjunto de los ciudadanos. Tal y como se pueda comprobar por la Encuesta de Condiciones de Vida, donde se incrementan los hogares que no tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos y los que han tenido algún retraso en gastos relacionados con la vivienda, entre ellos el de la hipoteca o el alquiler.

No es momento para hacer trampas al solitario, sino para hablar con la mayor transparencia, rigurosidad y sinceridad, con medidas reales que efectivamente vengan a solucionar el drama de dejar a una familia en la calle.

(Publicado en Revista El Observador)

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