domingo, 16 de marzo de 2025

18 de marzo, Día Internacional del Trabajo Social

 Un año más llega el mes de marzo y con él la celebración del Día Internacional de la profesión. En esta ocasión como se puede ver por el cartel su lema es: "Fortalecer la solidaridad intergeneracional para un bienestar duradero", poniendo el énfasis en la necesidad e importancia de la mejora del cuidado en las relaciones intergeneracionales, desde una amplitud de perspectivas, pero no sólo en ellas sino mucho más allá.

España, al que pudiéramos definir, si no ya, en breve, un país de "viejos",  pudiera encajar bien el título de la película protagonizada por Bardem y con la que obtendría un óscar: "No es país para viejos"

Aunque no es mi intención establecer ningún símil y/o parecido a la temática de la película. Si que se puede afirmar que en lo que respecta al cuidado sobre todo de las personas mayores más vulnerables y dependientes, nos queda mucho por recorrer. Los datos que mes a mes se van conociendo sobre la situación de la ley de la dependencia son un buen indicativo para lo que digo, pero no sólo ahí, se pudiera recordar la situación que vivieron las residencias en pandemia, ahora que se está rememorando lo ocurrido en aquellas fechas, y donde según los datos disponibles pocas cosas han cambiado.

Igual, con todo mi respeto, al lema del fortalecimiento de la solidaridad intergeneracional, le hubiera incorporado alusión a la necesidad de cambio, de transformación, de ruptura... se podrá pensar que puedo ser algo radical, pero ¿no son importante las personas a las que la profesión se debe?. 

Como decía en nuestro país a la par que crece la esperanza de vida, de lo que nos tenemos que sentir muy orgullosos, ese incremento en la esperanza de vida lleva aparejado la necesidad de una constante mejora en los servicios asistenciales: ayuda a domicilio, teleasistencia, domótica domiciliaria ... pero no es lo que veo, en todo caso se intenta confundir y/o facilitar lo que se puede denominar como "medias verdades", dando la sensación que se mueven las cosas para que en la realidad todo siga igual. A la par que no se atajan los problemas reales que sufre el personal, en su gran mayoría mujeres, a la hora de enfrentarse a los servicios asistenciales ya aludidos en su día a día.

El próximo martes celebraremos el día internacional, pero sin olvidar que ante conceptos como los de ayuda y solidaridad, me quedo con los de transformación y cambio. 

domingo, 2 de febrero de 2025

El Trabajo Social ¿profesión vocacional?

Estoy convencido que un porcentaje bastante alto de respuestas a la pregunta ¿el Trabajo Social es una profesión vocacional? es afirmativa. Además en los últimos tiempos me encuentro cada vez con más personas, la gran mayoría no son profesionales del trabajo social, que cuando tienen que hablar de esta profesión siempre en alguna parte de su mensaje incorporan lo "vocacional" que es el Trabajo Social.  

A veces es muy didáctico ver la definición que recoge la Real Academia Española (RAE), en el Diccionario de la Lengua Española, en este caso de la palabra vocación, indicando como primera definición: "Inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión", y en su tercera "Inclinación a un estado, una profesión o una carrera". 

Fuente: 
https://hablandoderecho.wordpress.com/2015/07/07
Habrá que entender que cuando se nos dice que el Trabajo Social es una profesión muy vocacional no se están refiriendo a la primera definición sino a la tercera, aunque a veces tengo mis dudas, ya que a la vez cuando esas personas hablan de lo vocacional que somos nos suelen identificar con actividades y acciones todas ellas muy relacionadas con la "ayuda" y la "asistencia", no suelo escucharles que somos una profesión que promueve "el cambio y el desarrollo social" tal y como se indica en nuestra definición.

A la par de esto me surge otra duda, porque nos identifican con esa vocación a nuestra profesión, e de decir que también a otras, cuando si nos ceñimos a la tercera definición de la RAE, todas las profesiones debieran ser vocacionales aquello de "hacer-trabajar" en lo que me gusta, donde me siento identificado y realizado. Por eso tenía mis dudas si están pensando más en identificarnos con la primera definición.

Antes aludía a nuestra definición y en más de una ocasión la he recogido en este blog, pero volvemos a recordarla: 

El trabajo social es una profesión basada en la práctica y una disciplina académica que promueve el cambio y el desarrollo social, la cohesión social, y el fortalecimiento y la liberación de las personas. Los principios de la justicia social, los derechos humanos, la responsabilidad colectiva y el respeto a la diversidad son fundamentales para el trabajo social. Respaldada por las teorías del trabajo social, las ciencias sociales, las humanidades y los conocimientos indígenas, el trabajo social involucra a las personas y las estructuras para hacer frente a desafíos de la vida y aumentar el bienestar. (International Federation of Social Workers).

Y tú que has leído hasta aquí, ¿Qué piensas ...?


miércoles, 25 de diciembre de 2024

Ante la necesidad de socializar los avances tecnológicos

Estudios confirman el riesgo de exclusión social en la población que no utiliza las nuevas tecnologías, para García “los incluidos son quienes están conectados; sus otros son los excluidos, quienes ven rotos sus vínculos al quedarse sin trabajo, sin casa, sin conexión” (2006: 73). 

La posibilidad de acceso, así como la capacitación en habilidades digitales, se convierten en la actualidad en una necesidad que vendrán a plantearse como nuevos derechos sociales del conjunto de la ciudadanía, “entre los que tienen y no tienen internet” (Castells, 2003: 311). 

Por lo que corresponde, desde la responsabilidad pública a las administraciones, en sus diferentes niveles, desarrollar cuántas iniciativas sean necesarias a fin de no generar ciudades y espacios territoriales a diferentes velocidades, en lo que al desarrollo tecnológico se refiere, de lo contrario se corre el riesgo de que las ciudades “inteligentes” se conviertan en espacios que vengan a generar si cabe mayores dosis de exclusión y desigualdad social.

Los párrafos anteriores los escribía en el año 2020, como ponencia que fue presentada al Greencities en el 11 Foro de Inteligencia y Sostenibilidad Urbana, celebrado en Málaga. Una ponencia que obtendría una mención en el Premio Carlos Hernández Pezzi a la mejor comunicación científica, junto a mi compañera Natalia del Pino.

https://www.uma.es/fest/noticias/los-investigadores-de-la-facultad-de-estudios-sociales-y-del-trabajo-rafael-arredondo-y-natalia-del-pino-han-obtenido-una-mencion-en-el-premio-carlos-hernandez-pezzi-la-mejor-comunicacion-cientifica/

En la parte introductoria terminaba indicando que:

Desde el Trabajo Social, junto al conjunto de interventores sociales de otras profesiones y disciplinas académicas, se ha de estar atento al conjunto de desarrollos tecnológicos, que, de manera bien directa o indirecta, pueda afectar al bienestar de las personas, a sus capacidades de interacción y sus posibilidades de desarrollo tanto a nivel personal, familiar o comunitario. Actuando si cabe como voz de alerta para que estos avances efectivamente se conviertan en oportunidades para el bien común.

Hoy a casi cinco años después, me reitero en lo escrito en cuanto a la necesidad de que los desarrollos tecnológicos que se están produciendo puedan ser socializados para que a su vez puedan ser utilizados por la gran mayoría de las personas, sobre todo las que incluso más lo pueden necesitar, como el caso de personas mayores que ven no cubierta sus necesidades básicas de la vida diaria.

El abordaje de esta realidad no puede situarse en exclusividad, o de manera más prioritaria, y en muchas de las ocasiones incluso con enfoques de pura difusión mediática, en el atractivo que genera ciertos avances tecnológicos, que obviamente pueden venir a facilitar el día a día. Si a la par no se asegura que estos recursos pueden ser facilitados a la mayoría de la ciudadanía. Ya que de lo contrario no se estaría poniendo la investigación al servicio de la mayoría social necesitada de ellos, sino para aquellos sectores de población que pueden hacer frente a los costes que suponen, o que disponen de los medios necesarios para su implementación.

Pero a la vez habría que estar atento a estas situaciones y no perder de vista su objetivo, mejorar el bienestar social del conjunto de la ciudadanía de una manera real y empírica. Los avances tecnológicos no pueden suponer el olvido o servir incluso de ocultamiento del gran conjunto de recursos y servicios que a día de hoy no son puestos a disposición de esas personas para las que a su vez se está trabajando, bien por falta de recursos económicos, inversión en el incremento de los mismos, o falta de organización y estructura. Obviamente partiendo de la necesidad de que se invierta y se desarrollen cuantos más y mejores medios tecnológicos mejor, pero no haciéndonos trampas en el solitario como se suele decir.

Para finalizar esta entrada, sigo recuperando cuestiones aportadas a la comunicación ya mencionada, en este caso a nivel de conclusiones:

El momento histórico que se está viviendo donde en marcos temporales muy reducidos se han realizado avances que en otros momentos han supuesto siglos, obliga a una reestructuración y a un nuevo paradigma de los diferentes actores sociales, sin dejar nadie atrás. Se está ante una oportunidad en la que los avances tecnológicos puedan suponer la mejora, no de unos pocos, sino de la comunidad en su conjunto. Sin olvidar que no todas las personas parten ni con las mismas capacidades ni con las mismas posibilidades y oportunidades, por lo que habrá que incorporar elementos correctores que vengan a igualar y nivelar las diferencias existentes.

Arredondo, R. y Del Pino, N. (2021). Las ciudades inteligentes que no olvidan a las poblaciones más vulnerables, una oportunidad para el bien común. En Gómez, Mª L. y Romero, O. (Coord.). Greencities, 11º Foro de Inteligencia y Sostenibilidad Urbana: Actas del XI International Greencities Congress (pp. 41-50). Palacio de Ferias y Congreso de Málaga (FYCMA).

sábado, 7 de diciembre de 2024

Ley de Servicios Sociales de Andalucía, 8 años

En unos días se cumplirán 8 años de la aprobación de la Ley 9/2016, de 27 de diciembre, de Servicios Sociales de Andalucía, la segunda ley aprobada en nuestra comunidad desde la Constitución de 1978. Por recordar, la primera ley data del año 1988, tuvieron que pasar 28 años para que se aprobara esta segunda.

La entrada en vigor de la nueva ley fue un hecho histórico en el ámbito social, y por ende en el del Trabajo Social, no sólo por la necesidad urgente que existía de actualizar y adaptar a una realidad tan cambiante como es todo lo que se puede circunscribir a los aspectos sociales, y que la nueva ley recogía: desde el profesional de referencia (art. 31) a los equipos profesionales (art. 30), a la Carta de Derechos y Deberes (art. 13, 63, Disposición Adicional sexta), aspectos éticos (Capítulo X), los conciertos sociales (art. 103), la Investigación e innovación en Servicios Sociales (Capítulo IX), pero sobre todo un nuevo Catálogo de prestaciones (art. 41), actualizado y acorde a un Sistema de Servicios Sociales que supere lo asistencial y convierta en el eje central de la intervención los derechos sociales.

Fuente: Junta de Andalucía https://www.juntadeandalucia.es/organismos/inclusionsocialjuventudfamiliaseigualdad/areas/inclusion/servicios-comunitarios.html

Un modelo de intervención que la propia ley establece en el denominado como de: “atención integral centrada en la persona o en la unidad de convivencia, desde un enfoque de desarrollo positivo y de efectiva participación de la persona en el proceso de atención.” (art. 45.1). Con todo un Capítulo V que viene a definir y marcar como debe de ser el “Proceso de intervención”.

La importancia de un nuevo Catálogo de Prestaciones era tal que la ley en su Disposición adicional cuarta establece que:

“El Consejo de Gobierno aprobará el Catálogo de Prestaciones del Sistema Público de Servicios Sociales de Andalucía en el plazo máximo de doce meses desde la entrada en vigor de la presente ley”.

Hoy a casi 8 años de entrada en vigor de la ley este Catálogo sigue siendo sólo letra escrita, como se suele decir el papel lo asume todo, sin que se haya hecho efectiva esta Disposición y sin que tan poco exista ningún tipo de consecuencia más allá de las que afecta a las personas que son atendidas en el Sistema Público de Servicios Sociales. Por recordar, el conjunto de la población, tú y yo, no sólo los “pobres”, los “vulnerables”, los “necesitados” … típicas expresiones utilizadas a la hora de definir a este colectivo. Y, además, me molesta como profesional del Trabajo Social, que se nos adjetive como “vocacionales”, desde una visión puramente asistencialista y de un buenismo que lo que transmite son visiones trasnochadoras de otras épocas.

Ayer se celebraba el día de la Constitución 6 de diciembre, 46 años, y aún el Sistema Público de Servicios Sociales sigue sin alcanzar el tratamiento que requiere, sigue siendo la cenicienta del cuento.

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