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Fuente: Consejo General del Trabajo Social |
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definir el trabajo social, o continuar definiéndolo en nuestros días, como
herramienta o instrumento es reducir nuestra identidad al campo de lo técnico,
a la mera práctica, a la vez que se nos concede, a mi modo de ver, un papel
encorsetado y obsoleto (el de solucionadores de problemas), unas
responsabilidades que exceden de alguna manera las capacidades de cualquier
mortal, un poder ostentoso y obcecado. (Martín, 2009: 230)
El Trabajo Social ha estado presente, aunque
posiblemente no lo suficientemente visible ya que se ha ubicado en los espacios
de la beneficencia y el voluntarismo, en aquellas situaciones donde la ciudadanía
ha requerido de una intervención de cara a conseguir mejoras sociales.
En la investigación realizada por Giménez y Doménech
(2012), respecto a indicadores de calidad en los Servicios Sociales, donde no se
puede olvidar que el Trabajo Social se sitúa como profesión de referencia, se indica que: “…
los usuarios destacan tres componentes fundamentales en la práctica profesional
de calidad en los Servicios Sociales de Atención Primaria: las habilidades, las
actitudes profesionales y las cualidades personales.” (p. 443). Como se puede
comprobar son cuestiones que se encuentran en la declaración de principios éticos de la profesión. Por tanto, es una
evidencia más de la necesidad de que la intervención debe de transitar por
estos parámetros, donde un cambio de paradigma se hace necesario y estamos
obligados a intentarlo, superando tanto las mochilas personales como las presiones y entorno social en el que se
desarrolle la labor profesional y académica donde la justicia social y las personas
se deben de situar como referente de la acción diaria.
Tanto las situaciones personales, familiares y
comunitarias, como los principios éticos de la profesión, nos interpela y nos
sitúa en la disyuntiva de un Trabajo Social “provocativo”, desde:
- El compromiso
y la acción visibilizando y contraponiendo al poder, las realidades
sociales, con propuestas que hablen de derecho y no de subsistencia ni
beneficencia.
- No formando
parte ni contribuyendo a la construcción y mantenimiento de aquellas
situaciones que perpetúen todo lo contrario a la declaración de principios éticos.
Donde la academia, que forma y prepara a los futuros
profesionales, es fundamental en este proceso. No consiste en estar “con los pobres”,
consiste en cambiar las situaciones que hacen que se mantengan e incrementen la
pobreza y la desigualdad.
Por ende, se ha de aportar y estar presente en la construcción de un mundo más igualitario, donde la profesión de Trabajo Social no puede pasar inadvertida sino por el contrario debe de situarse en vanguardia y ser protagonista de los cambios que se avecinan, impulsándolos desde la óptica y los principios que nos definen, ante un sistema caduco con dos cuestiones claves en la actualidad, la revolución tecnológica y el cambio climático. De ahí que un Trabajo Social más transformador que nunca se hace necesario, porque no se puede desligar lo que decimos ser, de lo que hacemos. Lo que nos obliga a repensar sobre la labor de nuestro día a día, en los espacios personales y laborales, en los espacios de participación donde superar lo individual y personal, para abordar desde lo común.
(También lo tienes disponible en formato podcast a través del siguiente enlace https://www.ivoox.com/por-trabajo-social-8220-provocativo-8221-audios-mp3_rf_72961287_1.html)