jueves, 7 de febrero de 2013

El reparto de la tarta ....


Esta mañana escuchaba en la radio a un político justificando con total naturalidad el que compañeros suyos, otros políticos, que siendo parlamentarios, senadores, concejales, diputados provinciales, etc., cobrando salarios de dos cifras, y que a la vez ocupan cargos en las estructuras de sus partidos, por esta segunda ocupación deben de tener una buena  remuneración, mejor dicho muy buena remuneración (algunos miles de euros al mes), ya que los “pobres” están muchas horas fuera de su casa, viviendo en buenos hoteles, comiendo en restaurantes de cuchara y tenedor y en larguísimas reuniones.

Por supuesto nada que comparar con el resto de los mortales que se levantan a las seis o a la siete de la mañana para ir a un puesto de trabajo o a buscarlo, que no saben donde y que podrán comer al medio día, que volverán a su casas cansados o en la actualidad muchísimos desanimados y apáticos ante la imposibilidad de encontrar un puesto de trabajo.

La verdad que a uno le hierve la sangre cuando escucha estas cosas, ya que por poner un ejemplo las familias en Andalucía que no tienen ningún tipo de recurso y solicitan el salario social para este año 2013, cobraran 400,09 euros si es una familia unipersonal, 451,71 euros si es una unidad familiar de 2 miembros, 503,33 si es de 3 miembros, etc., en concreto 51,31 euros más por cada miembro que se incremente. Si además tienen la suerte de que la solicitud se resuelva favorablemente en poco tiempo (dícese mesesss)

Cuando se plantean estas inmensas diferencias e injusticias entre lo que unos ciudadanos perciben por su trabajo y lo que hacen otros y que perciben, y además se llega a plantear con total naturalidad es que tenemos un grave problema ético. Un problema que no se resuelve con palabras huecas y grandilocuentes de pactos, consenso, etc., sino que la respuesta tiene que venir por hechos reales y concretos por decisiones contundentes que realmente modifiquen las actuales condiciones a la hora de repartir “la tarta”, en donde los que más contribuimos a que la tarta exista y se haga, somos los que luego nos toca menor porción, y los últimos en percibir nuestra parte. Mientras que los que menos hacen porque la tarta salga y se mantenga, al final no sólo se llevan los primeros trozos sino los más grandes y suculentos. 

En positivo

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